APRENDIENDO

A APRENDER

 

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LA HORMIGA

Una hormiga caminaba por un sendero del parque siguiendo a su grupo, cuando de pronto, cayó un enorme tronco ante ella impidiéndola el paso. No veía la forma de sortear aquella mole y sentía que perdería a su guía en la marcha. Con arduos esfuerzos subió a él con la intención de pasar al otro lado cuando notó que el gran tronco era elevado por los aires. El tronco se detuvo a gran altura. Por lo que alcanzaba a ver estaba posado sobre una enorme extensión de la que lo único que podía apreciar era que no se trataba de tierra.

¡La había transportado por el espacio! ¡Estaba en otro mundo; fuera de todo cuanto le era familiar; distinto a cuanto había visto en su vida!.

Al levantar la mirada se encontró con una gran masa de la misma materia, al parecer, de la superficie en la que el tronco se había posado. Mas, a diferencia de aquélla, la suspendida en el espacio era irregular, con protuberancias y depresiones; había una destacada elevación vertical en el centro y, a ambos lados de ella, algo hundidas, dos grandes esferas iguales, simétricas, irisadas, brillantes, translúcidas, que se movían al unísono aunque sin desplazarse del lugar que ocupaban; estas esferas formaban parte de unos óvalos del mismo material pero más claros, parecían bañados en agua y rodeados por largos y gruesos filamentos que de vez en cuando se unían ocultando las esferas. Se sentía fascinada por esta visión cuando sintió que parte de la misma masa la atrapaba, bajándola del tronco a la superficie. No se atrevía a moverse, estaba petrificada ante semejante experiencia.

Sus pensamientos bullían tratando de comprender lo que estaba sucediendo cuando, de pronto, una estruendosa conmoción la sacudió. Todo tembló y, simultáneamente, oyó un gran estallido al tiempo que se desataba un vendaval arrasador que la habría arrancado de allí de no ser porque aquella superficie pareció plegarse sobre ella al tiempo que la gran masa suspendida se aproximó a ella. Se diría que de allí provenía aquel impresionante fenómeno. Y, con el viento, un gran temporal la empapó. No era sólo agua, mezclada con ella caían grandes masas de algo... Examinó y probó con precaución una de estas masas próxima a ella y descubrió asombrada que "aquello" ¡era comestible!. ¿Qué estaba pasando? ¿Era real todo aquello?. Palpó, olió y, efectivamente, ¡era comida!.

No sabía cuanto tiempo había transcurrido, cuando sintió que la gran masa la situaba de nuevo en el gran tronco, el gran tronco de nuevo se movía descendiendo esta vez hasta posarse de nuevo en la tierra. Aun podía ver sobre su cabeza la gran masa y las grandes esferas brillantes que aparecían y desaparecían y, nuevamente llovieron sobre ella grandes trozos de masa comestible.

Trataba de serenarse, de ordenar sus ideas para comprender lo sucedido. Nunca había oído hablar de una experiencia semejante. Vio como la gran masa de las esferas se alejaba elevándose hasta perderse de vista.

-Todo esto ha de tener una explicación, un significado. ¿Qué o quién era "aquello" que la había transportado de su mundo y, para qué?. Sin duda habría una razón. Tendría que consultar con los ancianos de su clan.- Se decía sin salir aún de su asombro.

Mientras intentaba seguir su camino, continuaba dándole vueltas a la experiencia vivida, hasta que comenzó a hacerse la luz en su mente. Aquella gran masa debía ser quien la transportó. Ella producía los fenómenos atmosféricos. Y le había enviado alimento. Era enorme. Era todopoderosa. Estaba fuera del mundo. Sin duda podía afirmar que era Él, ¡era Dios!. Había querido mostrarle su poder. Aquel tronco no le había cortado el paso por azar Él lo había puesto allí para manifestarle su poder. Aquel tronco era sagrado, era el instrumento elegido por Dios y debían reverenciarlo como tal y si así lo hacían, nunca les faltaría el sustento.

¡Este era el mensaje! ¡Esto era lo que Dios había querido revelarle... a ella! ¿Por qué a ella? ¿Y, cómo pretendía ella comprender los designios divinos? Debía limitarse a aceptarlos, respetarlos y darlos a conocer a sus semejantes.

Esta era la "Verdad absoluta". La realidad en el universo hormigueril. Sin embargo, en ese sendero del parque había un banco y en él, un anciano sentado tomando el sol y disfrutando de la plácida tarde veraniega. Se distraía viendo el jardín, los pájaros que detenían su vuelo posándose en las ramas de los árboles, a los niños que jugaban y a la gente que pasaba. Observó como un niño que estaba próximo a él se metía en la boca el último bocado de su merienda al mismo tiempo que daba un manotazo a un arbusto haciendo caer varias ramas al suelo. El niño se agachó y el anciano vio como cogía una de las ramas con mucho cuidado y mirándola atentamente la ponía en la palma de su otra mano, en ese momento, quizá a consecuencia del sol que le daba en la cara, el niño dio un gran estornudo espurreando migas y restos de ese último bocado que aún no había deglutido. Después, agachándose de nuevo, dejó la rama con todo cuidado en el suelo. Por un momento se quedó mirando el suelo atentamente, después se levantó sacudiéndose de las manos las salpicaduras residuales del estornudo y volvió corriendo a reunirse con sus compañeros de juego.

¿Acaso podríamos decir que alguno de los dos, el anciano o la hormiga, era menos objetivo que el otro?. O, ¿que alguna de ambas experiencias no era real?.

La verdad absoluta, la realidad, la objetividad en la vida del ser humano, del hombre, es relativa y supeditada a lo que puede captar con los sentidos, comprender con su mente basándose en los conocimientos y experiencias asequibles a su entendimiento. Todo razonamiento es subjetivo ya que se establece por la comparación con lo que ya conoce y desde su perspectiva.

El descubrimiento de cuanto rebasa la capacidad del hombre podría semejarse al de la hormiga del cuento.

 

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