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Conocimiento del Ser en las
Experiencias-Cumbre
Abraham Maslow
(Voy a presentar una por una, en una síntesis
condensada, las caracteristicas del conocimiento encontrado en la
Experiencia-Cumbre generalizada, usando el termino conocimiento en un
sentido muy amplio.)
En el Conocimiento del Ser, la experiencia del objeto tiende a ser
vista como un todo global, como una unidad completa, abstraída de
cualquier relación, de cualquier posible utilidad, conveniencia o
finalidad. Es percibida como si no existiera nada más en el universo, como
si fuera todo lo que es Ser.
En un Conocimiento del Ser, lo percibido es captado completa y
exclusivamente. A este fenómeno podríamos denominarlo "atención total".
Estoy intentando describir algo muy parecido a la fascinación o a una
absorción absoluta. Dentro del campo de dicha atención, la imagen resulta
toda imagen y el fondo desaparece o, por lo menos, se percibe de forma
accidental. Es como si la imagen quedara aislada de todo lo demás, durante
los instantes de la percepción, y el mundo quedara olvidado, como si lo
percibido hubiera invadido por un instante la totalidad del Ser.
El conocimiento del Ser puede ser denominado también conocimiento
no-comparativo o conocimiento no-valorativo o no-judicativo. En las
Experiencias-Cumbre las personas tienen más posiabilidades de contemplar
el mundo como algo independiente, no sólo de ellas sino de los seres
humanos en general. Puede evitar con más facilidad la proyección sobre
ella de finalidades típicamente humanas. En una palabra puede contemplarla
en su propio Ser («fin») más que como algo susceptible de ser utilizado,
de ser temido o frente a lo que poder reaccionar de un modo humano u otro.
En las Experiencias-Cumbre la percepción puede relativamente
trascender el ego, ignorar sus propios intereses y ser altruista. Puede
ser inmotivada, impersonal, carente de deseos, altruista, no basada en la
necesidad, independiente. Algunos escritores de estética, misticismo,
maternidad y amor, vgr., Sorokin, han llegado a afirmar que en las
Experiencia-Cumbre podemos hablar de identificación del perceptor con lo
percibido, de fusión de lo que eran dos realiades en un todo nuevo y más
amplio, de una unidad superior.
La experiencia-cumbre es sentida com un momento autovalidante y
autojustificado que contiene en sí mismo su propio valor intrínsico. Es
decir, se trata de un fin en si mismo, lo que podemos llamar una
experiencia-fin, más bien que una experiencia-medio. Es apreciada como una
experiencia tan valiosa, como una rebelación tan grande, que el mismo
intento de justificarla le roba parte de su dignidad y valor. Incluso que
su existencia ocasional da sentido a una vida y que quizás sólo tenga
lugar dos o tres veces en una vida.
En todas las Experiencias-Cumbre usuales que he estudiado, se da una
desorientación muy característica respecto al tiempo y al espacio. Seria
exacto decir que en estos momentos la persona se encuentra subjetivamente
fuera del tiempo y el espacio. Le es imposible al volver en sí, determinar
cuanto tiempo a pasado. Con frecuencia tiene que sacudir la cabeza, como
si saliera de un ofuscamiento para recobrar su sentido de la orientación.
Pero más frecuente que esto es aún el dato, proporcionado especialmente
por amantes, de una pérdida completa del sentido de extensión temporal. No
sólo pasa el tiempo con pasmosa rapidez durante su éxtasis, de modo que un
día puede pasar como si se tratara de un minuto, sino que un minuto puede
estar tan intensamente vivido que parezca un día o un año. Es como si, de
algun modo, se encontraran en otro mundo en el que el tiempo permanece
inmovil y se mueve a la vez con enorme rapidez.
La Experiencia-Cumbre se muestra sólo como buena y deseable y jamás
como mala o indeseable. La experiencia es intrínsicamente válida; es
perfecta, completa y no necesita de nada más. Es suficiente en si misma.
Es suficiente en sí misma. Es percibida como intrínsecamente necesaria e
inevitable. Es tan buena como debería serlo. Ante ella se
reacciona con miedo, admiración, asombro, humildad y hasta reverencia,
exaltación y piedad. Ocasionalmente se utiliza la palabra sagrado para
describir el tipo de reacción ante ella. Es placentera y «gozosa» en un
sentido ontológico.
La trilogia tradicional de lo verdadero, lo bueno, y lo bello se
encuentra fusionada en las Experiencias-Cumbre de manera que en la
práctica puede decirse que forman una unidad. Y también que el «Es» y el
«Debería Ser» se confundan, es decir, que en el Conocimiento del Ser se
perciben también los valores del Ser.
Valores del Ser:
totalidad (unidad; integración; tendencia a la unicidad;
interconexión; simplicidad; organización; estructura; superación de la
dicotomía; orden);
perfección (necesidad; justicia, determinación; inevitabilidad;
conveniencia; equidad; plenitud; inmejorabilidad);
consumación (terminación; finalidad; justicia; «estar terminado»;
realización; finis y telos; destino; hado);
justicia (rectitud; orden; legitimidad; autenticidad);
vida (proceso; no estar muerto; espontaneidad; auto-regulación;
funcionamiento pleno);
riqueza (diferenciación; complejidad; intrincación);
simplicidad (honestidad; desnudez; esencialidad; estructura
abstracta, esencial, esquemática);
belleza (rectitud; forma; vida; simplicidad; riqueza; totalidad;
perfección; terminación; unicidad; honestidad);
bondad (rectitud; apetecibilidad; inmejorabilidad; justicia;
benevolencia; honestidad);
unicidad (idiosincrasia; individualidad; ausencia de comparabilidad;
novedad);
carencia de esfuerzo (facilidad; ausencia de fatiga, empeño o
dificultad; atractivo; funcionamiento perfecto);
alegría (diversión; placer; gozo; viveza; humor; exuberancia;
carencia de esfuerzo);
verdad; honestidad; realidad (desnudez; simplicidad; riqueza;
rectitud; belleza; puro, limpio y carente de adulteración; consumación;
esencialidad);
auto-suficiencia (autonomía; independencia; «carencia de necesidad
de ser otro que uno mismo a fin de ser uno mismo»; autodeterminación;
trascendencia del medio; separación; vivir de acuerdo con las propias
reglas).
El conocimiento del Ser es mucho más pasivo y receptivo que activo,
aunque evidentemente jamás puede serlo del todo. Las mejores descripciones
que he encontrado acerca de esta forma «pasiva»
de conocimiento, provienen de los filósofos orientales, especialmente de
Lao-Tse y los filosofos Taoístas. Krishnamurti tiene una excelente frase
para describir estos hechos. El lo denomina «concienca carente de deseo».
La concepción taoísta del «dejad
ser» expresa también lo que estoy intentando expresar, es decir, que la
percepción puede carecer de exigencias en ver de ser intrínsecamente
solicitante, puede tener un carácter más contemplativo que activo. Puede
ser humilde ante la experiencia, no-interfiriente, receptiva más bien que
apropiativa, puede dejar que lo percibido siga siendo ello mismo. Me estoy
acondando también de la descripción de Freud de una
«atención que flota libremente». Está
es más pasiva que activa, desinteresada más bien que egocéntrica, más
soñadora que vigilante, más paciente, que impaciente. Consiste más en un
ver expectante que en un mirar, es un sometimiento y un rendirse a la
experiencia. No podemos dominar la Experiencia-Cumbre. Es ella quien viene
a nosostros.
La reacción emocional en la Experiencia-Cumbre posee un sabor especial
de admiración, pasmo, reverencia, humildad, y rendimiento ante la
experiencia como ante algo grande. A veces incluye un toque de miedo
(miedo agradable) de ser anonadado.
En algunas descripciones, en particular de la experiencia mística,
religiosa, o filosófica, la totalidad del mundo es contemplada como
unidad, como una entidad simple, viva y de gran riqueza. En otras
Experiencias-Cumbre, en particular las amorosas y las estéticas, una
pequeña parte del mundo es percibida como si por el momento fuera el mundo
en su totalidad. En ambos casos se trata de la percepción de la unidad.
Capacidad de percibir el todo por encima de las partes.
En el Conocimiento del Ser se fusionan, trascienden o resuelven muchas
dicotomías, polaridades y conflictos. Las personas que se auto-realizan
son a la vez egoístas y desinteresadas, dionisíacas y apolíneas ,
individuales y sociales, racionales e irracionales, en comunidad con los
demás y desligados de ellos, etc. Cuanto más comprendemos la totalidad del
Ser, más podemos tolerar la existencia y percepción simultáneas de las
consecuencias oposiciones y fragantes contradicciones, que parecen ser
productos de un conocimiento parcial y se difuminan ante el conocimiento
de la totalidad.
Un aspecto de la Experiencia-Cumbre es la pérdida completa, aunque
momentanéa, de todo temor, ansiedad, inhibición, defensa y control, un
cese de toda renuncia, demora y coerción. El miedo a la desintegración y
disolución, el temor a ser abrumado por los instintos, el temor a la
muerte y a la locura, a dar paso a un placer y emoción incontrolados,
tienden a desaparecer o a permanecer a la expectativa por el momento.
Podría considerársela como pura satisfacción, pura expresión, pura alegría
y júbilo. Sin embargo, y puesto que se da «en
el mundo», representa un cierto tipo de fusión entre el
«principio de placer»
freudiano y el «principio
de realidad». Podemos por tanto esperar hallar una cierta
«permeabilidad» en
aquellas personas que gozan a menudo de tales experiencias, una cerrazón y
simultaneamente, una relativa ausencia de temor con respecto a este
último.
Algo que hemos contemplado ya, en estas diversas Experiencias-Cumbre,
es que la persona tiende a hacerse más integrada, más individual,
espontanéa, expresiva, más expedita y menos necesitada de esfuerzo, más
animosa y capaz, etc. Ahora bien; parece existir una clase de paralelismo
o isomorfismo dinámico, a este respecto, entre lo interior y lo exterior.
Es decir, que, así como el Ser esencial del mundo es percibido por la
persona, de manera concurrente ésta se aproxima a su propio Ser.
Experiencias - Cumbre como experiencias
de identidad aguda
Abraham Maslow
(Le resultará evidente al lector que las
características «separadas»
que se mencionan a continuación, no están separadas de ningún modo en
la realidad, sino que participan la unas de las otras de modo
diverso.)
- La persona en las Experiencias-Cumbre se siente más integrada
(unificada, todo global, de una sola pieza), que en otros momentos.
Aparece también (ante el observador) como más integrado en diversos
ámbitos, vgr. menos dividido o disociado, luchando menos contra sí mismo,
menos dividido entre un yo experimentador y un yo observador, más
definido, organizado más armónicamente y con mayor, eficacia,
funcionamiento todas sus partes con perfecta conexión mutua, más
sinérgico, con menos fricciones internas, etc.
- A medida que va siendo él mismo con mayor unidad y pureza, se hace más
capaz de fundirse con el mundo, con lo que anteriormente no formaba parte
del ego, vgr, los amantes se aproximan a la unidad en vez de permanecer
siendo dos personas distintas, el monismo Yo-Tú adquiere mayores
posibilidades, el creador se unifica con la obra que ha creado, la madre
se siente un único ser con su hijo, el oyente se convierte en la música (y
la música en él) y lo mismo sucede con quien contempla una pintura o una
danza, el astrónomo está ahí «fuera» con las estrellas (más que permanecer
sentado a un extremo del abismo contemplando a través del telescopio lo
que sucede en el otro extremo). Es decir, la mayor consecución de la
identidad, autonomía y conciencia de la propia personalidad, es a la vez
una trascendencia del yo, un ir más allá y una superación de la propia
personalidad. El hombre puede hacerse relativamente altruista.
- La persona que se encuentra en una experiencia-cumbre siente estar en
la cima de sus poderes, estar utilizando todas sus capacidades en grado e
intensidad óptimas. En la acertada expresión de Rogers (145) se siente «en
funcionamiento pleno». Se siente más inteligente, perceptivo, ingenioso,
fuerte y agradable que en otras ocasiones. Está en su momento álgido,
ejecuta en tono brillante, se encuentra en la mejor forma posible. Es algo
que no sólo es sentido subjetivamente, sino que es observado por el
espectador. No está ya despreciando sus esfuerzos luchando o dominándose;
sus músculos no son ya combativos. En estos momentos no hay derroche; la
totalidad de las capacidades pueden utilizarse para la acción. Se
convierten en algo así como un río sin diques.
- Un aspecto algo distinto del funcionamiento pleno está en la facilidad
y falta de esfuerzo característico de dicho funcionamiento, en esos
instantes en que uno se encuentra en su mejor forma. Lo que habitualmente
exige esfuerzo, energía y tensión, se realiza ahora sin ningún sentimiento
de forcejeo, trabajo y afán, como si «se hiciera solo». Junto a ello se da
a menudo el sentimiento de belleza, la sensación de agrado que acompaña a
un funcionamiento-pleno suave, fácil, sin esfuerzo, cuando todo «sale a
pedir de boca», acontece a todo ritmo y se desarrolla desahogadamente.
Puede contemplarse su apariencia tranquila de seguridad y certeza, como si
supieran exactamente lo que estaban haciendo y lo hicieran arrojadamente,
sin dudas, errores, vacilaciones o retiradas parciales. No hay, pues,
posibilidad de tiro erróneos o débiles, sino tan sólo impactos en el
blanco. Los grandes atletas, artistas, creadores, dirigentes y ejecutivos
muestran esta cualidad de comportamiento en su mejores momentos. (Resulta
obvio que todo esto es menos relevante respecto al concepto de identidad
que todo lo precedente, pero opino que debe incluirse como una
característica epifenoménica del «ser uno mismo», porque el hecho de ser
externa y pública la hacen examínable. Creo además que es necesaria para
la plena comprensión del tipo de alegría deiforme [humor, diversión,
lectura, estupidez, juego, risa] que considero uno de los más altos
valores-S de la identidad.)
- En las experiencias-cumbre más que en otras ocasiones la persona se
siente responsable, activa, centro creador de sus actividades y de sus
percepciones. Se siente más como primer motor, más autodeterminada (más
bien que causada, determinada, indefensa, dependiente, pasiva, débil,
dominada). Se siente dueña de sí misma, más responsable, plenamente
volitiva, con mayor «libre albedrío» que otras veces, amo de su destino,
eficaz. También aparece así ante el espectador, es decir, adquiriendo
mayor decisión, dando impresión de más fuerza y unidad de criterios, más
apto para vencer y despreciar la oposición, más decididamente seguro de sí
mismo, más propenso a dar la impresión de que todo intento por detenerlo
sería inútil. Es como si no abrigara ya dudas acerca de su valía o de su
capacidad de hacer cualquier cosa que decida. Para el espectador parece
más fidedigno, más seguro, más digno de crédito. Resulta posible con
bastante frecuencia detectar este gran momento (de la adquisición de la
responsabilidad) en terapéutica, en el crecimiento, en la educación, en el
matrimonio, etc.
- Se encuentra más libre de obstáculos, de inhibiciones, recelos,
temores, dudas, controles, reservas, autocríticas, frenos. Estos pueden
ser los aspectos negativos del sentimiento de la propia valía, de la
auto-aceptación, del respeto al propio yo. Este es un fenómeno a la vez
subjetivo y objetivo, que podríamos describir desde ambos puntos de vista.
Naturalmente, se trata sencillamente de un «aspecto» distinto de las
características ya mencionadas y de las que vamos a citar a continuación.
Probablemente estos hechos son verificables en principio, porque
objetivamente se trata de fuerzas opuestas en vez de fuerzas que colaboran
sinérgicamente.
- Se comporta por tanto de modo más espontáneo, más expresivo, más
inocente (sin engaño, con calidez, honesto, sencillo, ingenuo, infantil,
natural, incauto, indefenso), más natural (sencillo, relajado, decidido,
transparente, impasible, primitivo en cierto sentido, inmediato), más
incontrolado y extrovertido (automático, impulsivo, reflejo, instintivo,
desembarazado, inconsciente, irreflexivo).
- Es, por tanto, más «creativo» en un sentido particular. Su
conocimiento y actuación, derivados de una mayor autoconfianza y
seguridad, pueden adaptarse de un modo taoístico, que no interfiera, o de
la manera flexible que los psicólogos del Gestalt han descrito, a la
situación problemática o no problemática en sus propios términos o
exigencias intrínsecas, objetivas (en vez de en términos subjetivos y
autoconcentrados), en los términos dictados por la naturaleza per se de la
tarea, del deber (Frankl) o del juego. Resulta, por consiguiente, más
improvisado, repentizado, más inventado, inesperado, nuevo, fresco,
palpitante, sincero, tosco, desacostumbrado. Resulta también menos
preparado, planeado, esbozado, premeditado, ensayado, calculado, en la
medida en que estos calificativos puedan implicar antelación en el tiempo
y programación del cualquier tipo. Es, en consecuencia, relativamente
no-buscado, no-deseado, no-necesitado, carente de objetivos, no-anhelado,
«inmotivado», puesto que surge y es creado de nuevo y no procede de un
momento anterior.
- Podemos expresarlo aún de otra manera, como la cima de la unicidad,
individualidad e idiosincrasia. Si las personas son en principio distintas
las unas de las otras, son más puramente distintas en las
experiencias-cumbre. Si en muchos aspectos (sus funciones) las personas
son intercambiables, en las experiencias-cumbre las funciones desaparecen
y los individuos se hacen menos intercambiables. Sea lo que sea aquello
que son el fondo, cualquier cosa que la palabra «yo único» signifique, lo
son con mayor intensidad en las experiencias-cumbre.
- En las experiencias-cumbre, el individuo está en alto grado ligado a
las coordenadas presentes de espacio y tiempo, libre en grado sumo del
pasado y del futuro en diversos aspectos, centrado muy objetivamente en la
experiencia. Por ejemplo, puede escuchar mejor que otras veces. Puesto que
es muy poco rutinario y expectante, puede escuchar plenamente sin verse
envuelto por las rémoras de esperanzas basadas en situaciones previas (que
no pueden ser idénticas a la actual), o de previsiones o recelos basados
en una programación del futuro (lo que significa considerar el presente
tan sólo como medio para el futuro y no como fin en sí mismo). Al estar
más allá del deseo, no necesita clasificar en términos de miedo,
aborrecimiento o deseo. Tampoco tiene que comparar lo que está aquí con lo
que no está, en orden a una valoración.
- La persona se hace ahora más una psique pura y menos una cosa del
mundo que vive sometida a las leyes del universo. Es decir, se hace más
determinada por las leyes intra-psíquicas y menos por las leyes de la
realidad no-psíquica, en la medida en que ambas resultan distintas. Esto
suena a contradicción o paradoja, pero no lo es; en el caso de que lo
fuera, tendría que ser aceptada de todos modos, como portadora de cierta
clase de significado. El conocimiento-S del otro es mucho más posible
cuando se da simultáneamente un dejar-ser del yo y del otro; el amor
respetuoso de uno mismo y el amor respetuoso del otro se permiten,
sostienen y refuerzan el uno al otro. Puedo captar mucho mejor al no-yo no
captándolo, es decir, permitiéndole ser él mismo, dejándole libre,
autorizándole a vivir de acuerdo con sus propias leyes y no con las mías,
del mismo modo que soy mucho más yo-mismo cuando me independizo del no-yo,
no permitiéndole dominarme, rehusando vivir de acuerdo con sus reglas e
insistiendo en vivir tan sólo según mis leyes y reglas intrínsecas. Cuando
esto ha sucedido, se descubre que lo intra-psíquico (yo) y lo
extra-psíquico (lo otro) no son después del todo tan terriblemente
diferentes y ciertamente no son verdaderos antagonistas. Se descubre que
ambas series de leyes pueden ser muy interesantes y placenteras, e incluso
pueden integrarse y fundirse. El paradigma más sencillo para ayudar al
lector a comprender este laberinto de palabras consiste en la relación de
amor-S entre dos personas, aunque podría utilizarse cualquiera de las
experiencias-cumbre. Evidentemente en este nivel de discurso ideal (lo que
yo llamo reino-S) las palabras libertad, independencia, captación, dejar
libre, confianza, voluntad, dependencias, realidad, el otro, la
separación, etc., adquieren todas significados muy complejos y ricos que
no poseen en el reino-deficitario de la vida cotidiana, de las
deficiencias, deseos, necesidades, autopreservación y de las dicotomías,
polaridades y divisiones.
- Existen ciertamente algunas ventajas teóricas en destacar el aspecto
de carencia de esfuerzo e innecesidad, tomándolo como eje central (o
centro de organización) de algo que estamos estudiando. De diversas
maneras ya explicadas y en diversos sentidos bien delimitados, la persona
que se encuentra en la experiencia-cumbre está inmotivada (o no-dirigida),
especialmente desde el punto de vista de las necesidades deficitanas. En
este mismo ámbito del discurso, tiene un sentido similar describir la
forma de identidad más alta como carente de esfuerzo, de necesidad y
deseos, es decir, como habiendo trascendido las necesidades y estímulos
ordinarios. Simplemente es. Ha sido conseguido el placer, lo cual
significa un cese temporal en el esfuerzo por conseguir el placer. Algo
semejante se dice ya de la persona que se auto-realiza. Todo brota
espontáneamente, deslizándose, de forma fluida, sin esfuerzo ni objetivo.
Actúa totalmente y sin deficiencias, no de forma homeostática o reductiva
de la necesidad, ni tampoco para evitar el dolor, disgusto o muerte;
tampoco en favor de un objetivo futuro lejano, ni por otra finalidad que
la cosa en sí. Su comportamiento y experimentación son per se,
autojustificantes; con comportamiento-fin y experiencia-fin, y no
comportamiento-medio o experiencia-medio. A este nivel, he calificado a la
persona de deiforme, porque a la mayoría de dioses se les considera
carentes de necesidades, deseos o deficiencias; se cree que nada les falta
y que están satisfechos en todos los aspectos. Se ha deducido pues que las
características, y en especial los actos, de los dioses «más elevados» y
«mejores», se basan sobre la carencia de deseos. Estas deducciones me han
resultado muy estimulantes a la hora de comprender las acciones de los
seres humanos, cuando éstos actúan desde una base de carencia de deseos.
Por ejemplo, me resulta un punto de partida muy esclarecedor para la
teoría del humor y diversión deiformes, para la teoría del aburrimiento,
la de la creatividad, etc. El hecho de que el embrión humano carezca
también de necesidades es una fuente efectiva de confusión entre el
Nirvana alto y el Nirvana bajo.
- La expresión y la comunicación tienden a menudo en las
experiencias-cumbre a ser poéticas, míticas y rapsódicas, como si ésta
fuera la clase de lenguaje natural para expresar dichos estados del ser.
Hace muy poco que me he dado cuenta de ello en mis examinados, de modo que
no debería hablar mucho al respecto. Las consecuencias para la teoría de
la identidad estriban en que las personas más auténticas pueden, por este
motivo, asemejarse más a los poetas, artistas, músicos, profetas, etc.
- Todas las experiencias-cumbre pueden fructíferamente ser comprendidas
como perfeccionamiento-del-acto en el sentido de David M. Levi o como la
finalización que conciben los psicólogos del Gestalt o bien como el
paradigma del orgasmo completo entendido a la manera de Reichian, o como
descarga total, catarsis, culminación, clímax, consumación, vaciado o
terminación. Esto contrasta con la continuidad de los problemas no
resueltos, con el pecho o la glándula prostática vaciados sólo en parte,
con la incompleta evacuación intestinal, con la incapacidad de alejar el
pesar, con la satisfacción parcial del hambre en la dieta, con la cocina
que jamás llega a estar limpia del todo, con el coito reservado, con la
ira que debe permanecer contenida, con el atleta que no ha podido
practicar, con la incapacidad de enderezar un cuadro colgado de la pared,
con la necesidad de tragase la estupidez, la ineficacia o la injusticia,
etc. A través de estos ejemplos el lector debería comprender
fenoménicamente cuán importante es la consumación y también por qué este
punto de vista es tan útil para enriquecer la compresión de la carencia de
esfuerzo, la integración, el relajamiento y todo lo que hemos explicado
anteriormente. La consumación tal como la vemos en el mundo, significa
perfección, justicia, belleza, fin en vez de medios, etc. Puesto que el
mundo interior y el mundo exterior son hasta cierto punto isomórficos y se
encuentran relacionados dialécticamente («se causan» mutuamente), llegamos
al filo del problema de cómo la buena persona y el mundo bueno causan
mutuamente. ¿Qué relación guarda todo esto con la identidad? Probablemente
la persona auténtica es completa en sí misma y final en sí misma; desde
luego experimenta en ocasiones la finalidad subjetiva, la consumación o la
perfección, así como también la percibe en el mundo. Quizás los que
experimentan estas cumbres sean los únicos en alcanzar una identidad
total; quizá quienes no las experimentan permanezcan siempre incompletos,
deficientes, esforzándose, faltos de algo, viviendo entre medios y no
entre fines. Si la relación no es perfecta, estoy seguro por lo menos de
que es positiva entre ambos polos, autenticidad y experiencia-cumbre. A
medida que consideramos las tensiones físicas y psicológicas de la
inconsumación, comprendemos con mayor seguridad que resulten incompatibles
no sólo con la serenidad, paz y bienestar psicológicos, sino también con
el bienestar físico. Quizá radique en ello también una posible explicación
al sorprendente descubrimiento de que muchas personas describan sus
experiencias-cumbre como algo semejante a una (hermosa) muerte, como si la
experiencia vital más incisiva contuviera un elemento paradójico de deseo
ansioso de muerte en su interior. Quizá se deba a que toda finalidad o
consumación perfecta sea metafóricamente, mitológicamente o arcaicamente,
una muerte, como afirma Rank.
- Estoy plenamente convencido de que cierto tipo de júbilo y
bulliciosidad constituye uno de los valores-S. Algunas de las razones para
opinar así han sido ya expuestas. Entre ellas destaca el hecho de su
frecuente descripción en las experiencias-cumbre (tanto como algo
intrínseco a la persona como algo percibido en el mundo) y también el que
pueda ser percibido por el investigador que observa desde fuera del sujeto
que describe. Resulta muy difícil describir este júbilo-S, debido a las
limitaciones léxicas del inglés en este punto (en general sucede lo mismo
a la hora de describir cualquiera de las experiencias subjetivas
«elevadas»). Contiene una cualidad gozosa cósmica o deiforme, que
trasciende cualquier tipo de hostilidad. Podría muy bien calificarse de
alegría feliz o exuberancia o deleite festivos. Contiene también un rasgo
de super-abundancia, riqueza o rebosamiento (no está motivado-D). Es
existencial en el sentido de que comprende un goce o deleite tanto con
respecto a la pequeñez (debilidad) como a la grandeza (fuerza) del ser
humano, trascendiendo la polaridad dominación-subordinación. Hay en ello
una cierta cualidad de triunfo, quizás también de alivio en algunas
ocasiones. Es a la vez maduro e infantil. Es final, utópico, eupsíquico,
trascendente, en el sentido en que Marcuse y Brown lo han descrito.
Podríamos llamarlo tambien nietzscheano. Implicado intrínsecamente en todo
ello, y como parte de su definición, se encuentran la facilidad, carencia
de esfuerzo, gracia, buena suerte; alivio de las inhibiciones, coerciones
y dudas; diversión (no burla) por medio del conocimientos; trascendencia
del enfoque sobre el yo y los medios, del tiempo y el espacio, de la
historia, del localismo. Finalmente, es intrínsecamente integrador, lo
mismo que la belleza, el amor o la inteligencia creativa. Lo decimos en el
sentido de resolución de dicotomías, resolución de muchos problemas
insolubles. Es una buena solución de la circunstancia humana, enseñándonos
que una de las maneras de resolver un problema es disfrutando con él. Nos
capacita para vivir simultáneamente en el reino-D y en el reino-S, para
ser al mismo tiempo Don Quijote y Sancho Panza, a la manera como lo fue
Cervantes.
- Las personas de modo característico, durante y después de las
experienciascumbre se sienten felices, afortunadas y agraciadas. Una
reacción frecuente es la de «Yo no merezco tanto». Las cumbres no son
planeadas o provocadas intencionadamente. Suceden sencillamente. Somos
«sorprendidos por la alegría». Las reacciones de sorpresa, de sobresalto,
de un dulce «shock de reconocimiento» son muy abundantes. Una consecuencia
común, es un sentimiento de gratitud hacia su Dios —para las personas
religiosas—, hacia el Destino —para las otras—, hacia la Naturaleza, hacia
la gente, hacia el mundo, hacia todo aquello que pueda haber contribuido a
hacer posible tal maravilla. Puede alcanzar un grado superior y
convertirse en adoración, acción de gracias, alabanza, ofrecimiento y
otras reacciones que encajan con toda perfección en un contexto religioso.
Es evidente que cualquier psicología de la religión, ya sea sobrenatural o
natural, debe tener bien presente estos hechos, lo mismo que debe tenerlos
en cuenta cualquier teoría naturalista de los orígenes de la religión.
Muchas veces este sentimiento de gratitud se expresa o conduce a un amor
que lo abarca todo, personas y cosas, a una percepción del mundo como algo
hermoso y bueno; a veces conduce también a impulsos por realizar algo
bueno respecto a este mismo mundo, a un ansia de recompensar, incluso a un
sentimiento de obligación. Por fin, es muy probable que de aquí derive el
vínculo teórico necesario para los hechos ya descritos de humildad y
orgullo en las personas que se auto-realizan, en las personas auténticas.
La persona afortunada apenas puede dar crédito a su propia suerte, lo
mismo que la persona agradecida. Debe preguntarse: «¿merezco yo esto?»
Tales personas resuelven la dicotomía existente entre orgullo y humildad,
fundiéndolas en una unidad simple, compleja y de rango superior, es decir,
siendo orgulloso (en un cierto sentido) y humilde (en un cierto sentido).
El orgullo (teñido de humildad) no tiene que ver con la insolencia o la
paranoia; tampoco la humildad (teñida de orgullo) tiene que ver con el
masoquismo. Sólo su dicotomización los hace patológicos. La gratitud-S
hace que podamos juntar bajo una sola piel al héroe y al servidor humilde.
Observación final
Quisiera subrayar aquí una importante paradoja que he
tratado antes (número 2), a la que debemos hacer cara aún cuando no la
comprendamos. El objetivo de la identidad (autorealización, autonomía,
individuación, el yo real de Horney, la autenticidad, etc.) parece ser
simultáneamente un objetivo final en sí mismo y también un objetivo
pasajero, un evento transitorio, un paso en el camino hacia la trascendencia
de la identidad. Es lo mismo que decir que esta función se anula a sí misma.
Formulémoslo de otro modo; si nuestro objetivo es el oriental, el de la
trascendencia y extinción del yo, de dejar tras uno la propia conciencia y
observación, el de la fusión con el mundo y la identificación con él (Bucke),
el de la homonomía (Angyal), parece entonces que el mejor camino para el
logro de este objetivo es para muchos el de la consecución de la identidad,
de un yo real y fuerte, y el de la satisfacción de las necesidades básicas
en vez del ascetismo.
Quizás tenga importancia para esta teoría la tendencia
que muestran mis examinados a describir dos tipos de reacción física a las
experiencias-cumbre. El uno que es de excitación y un alto grado de tensión
(«Me siento salvaje, quisiera saltar y emitir alaridos»). El otro es de
relajamiento, paz, quietud, sentimiento de tranquilidad. Por ejemplo,
después de una experiencia estética o un furor creativo, es posible que se
dé una de estas dos cosas: o bien una excitación prolongada, imposibilidad
de conciliar el sueño o falta de deseos de conciliarlo, pérdida de apetito,
restreñimiento, etc. O bien, un relajamiento e inactividad completos, sueño
profundo, etc. Desconozco el significado que pueda tener.
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